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Mostrando las entradas de abril, 2025

La primera directora de orquesta

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  Annunziata quería ser directora de orquesta y, aunque era un mundo de hombres, lo logró. Estudió con los mejores profesores, se sacó las notas más altas y recibió el diploma de honor siendo aún muy joven. Fue la primera mujer en dirigir la Filarmónica de Roma, ámbito de hombres que desconfiaban de las aptitudes femeninas. Annunziata tenía brazos largos que se movían como aspas al viento cuando dirigía. Era muy flaca, por lo que todos notaron, el primer día de ensayo, la incipiente curvatura hacia adelante de su panza, que algunos chistosos apodaron, en términos musicales, "el bemol", y que no era otra cosa que un embarazo que ya cursaba su quinto mes. Justo cuando la convocaban para dirigir la Filarmónica, gracias a su exitosa trayectoria con las orquestas del Véneto, Annunziata, de pura felicidad, quedaba embarazada. Le hicieron el contrato sin saber que esperaba familia, ya que ella era muy reservada con su vida privada, porque sabía que se movía en un mundo machista y qu...

Plaza Elíptica

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  ¡Yo vivía en ese lugar y no lo sabía! Bueno, la explicación es sencilla: nunca fui de madrugar, ¿cómo iba a verlo? Me enteré como se entera todo el mundo: por la tele. Lo vi en “Informe Semanal”, y fue cuando exclamé sorprendida por no saberlo: ¡yo vivía en ese lugar! Justo en la esquina de Plaza Elíptica, delante de ese bar de mala muerte llamado Yakarta que siempre esquivaba con desdén (nunca me gustaron los bares españoles, el olor compacto de hombre bien macho, la nube blanquecina del humo de los cigarrillos, los carozos de aceituna y los bollitos de servilletas usadas esparcidos por el suelo, ese suelo de baldosa gris de los años 50, cuando el generalísimo marchaba sobre España, brazo en alto); justo ahí es donde todas las mañanas bien temprano (para mí de madrugada), hiciera frío o calor, de noche cuando ya es invierno y baja ese aire gélido de la sierra madrileña que se te clava en la piel como un puñal, ese frío mesetero...